Una mujer atribulada camina deprisa por una calle apenas transitada, acaba de sacar dinero en un cajero para reponer el efectivo de rescate que siempre tiene en casa. Un criminal de poca monta pero despiadado la ha seguido desde que la ha visto operar en el cajero. La ocasión la pintan calva, no hay nadie a la vista desde hace rato y es un momento ideal para asaltarla. Aunque sea innecesario e incluso exagerado, de vez en cuando proceder a un apuñalamiento sobretodo con impunidad es miel para el psicópata, así que allá va. Se le echa encima, le asesta varias puñaladas y le coge el bolso esperando ausencia de resistencia.
Pero el bolso no cede. La mujer mira al delincuente con semblante molesto y este se sorprende.
- Señora, usted tendría que caer muerta, ¿qué coj..?
- Mire usted, ahora no me nada bien morirme. Son las 19h, tengo que llegar a casa, duchar a los niños, y aún tengo que coser los disfraces de carnaval para el viernes que viene. Esta semana mi agenda está fatal - le dice, mientras desliza el puñal fuera de su tórax y se lo devuelve al maleante -. Y como falte al trabajo mi jefa me mata porque ahora estamos en medio de una auditoría muy importante. Si quiere volver a intentarlo dentro de... no sé, pongamos diecisiete años, que mi pequeño ya habrá completado sus estudios, pues ya lo hablamos entonces. Y ahora discúlpeme pero me marcho, que voy tarde.
La mujer se aleja a toda prisa sin mirar atrás, porque en sus circunstancias sólo cabe mirar hacia adelante.
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