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Jerarquías

El fin del paro empieza en una entrevista de trabajo. Puesto que es un rito de paso hacia otra dimensión, la de los asalariados, la preparación para éste es vital. Qué ropa me pongo, cómo me peino, qué maravillas diré de mí para crear una imagen que se sostenga al menos una hora. Pero aun pasando ratos practicando ante el espejo y mentalmente sobre la almohada, has de aceptar que eres poco más que un títere en las manos del entrevistador. 

- Venga, suéltame tus cualidades - empezó el último, a bocajarro, tras decirle mi nombre.

Apoyaba el codo en el brazo de una imponente silla, descansando la cabeza semiladeada en su mano, el cuerpo dejado caer en el asiento, con rictus de aburrimiento. No era la primera entrevista del día y, por la hora, estaba más pendiente del almuerzo que de mí.

- Eh... yo había pensado preguntarle primero por el tipo de trabajo...

- Vaya, qué lástima, soy yo el que hace las preguntas. ¿Recuerdas los exámenes sorpresa del colegio? Pues te ha tocado uno de pregunta abierta.

El tipo era borde sin recato. Iba a hacerme sufrir para encontrar un alivio a su tedio vital. Pensé en responder lo que fuera, pero algo dentro de mí se negaba a rendirse tan pronto ante aquel juego de vasallaje.

- Soy obediente, orgullosa y uno de mis principios es el respeto igualitario entre las personas, más allá del lugar que ocupen - declaró mi lengua.

Él miró el reloj.

- Estás contratada.

- ¿Para hacer qué, por favor?

- Te lo explico mañana, que es la hora de mi café. Adiós.


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A la que veo un concurso de microrrelatos sin mucho relieve, voy de cabeza. Como siempre, sin la creencia de estar mínimamente a la altura. Pero es otra ocasión diferente para practicar.

Este es un micro-relato espontáneo para https://www.signoeditores.es/certamen-de-microrrelatos-signo-editores/. Máximo 1500 caracteres. Me propuse no escribir sobre el amor ni la muerte porque el 90% de las historias van sobre eso. 

En la web van colocando los relatos aceptados con el título como cabecera, mostrando aproximadamente las dos primeras líneas. Puede votar quien quiera y a tantos relatos como quiera cada día. Supongo que, como siempre en este tipo de formatos de votación, los más votados serán los autores que más amigos tienen, porque dudo que haya mucha gente que se lea todo lo que se va publicando. Yo, por una vez, y ya que estoy de vacaciones, lo estoy intentando. La mayoría de relatos no valen gran cosa, entre ellos los míos, pero hay algunas  historias muy originales y de calidad que se merecen ganar un concurso (habló "la experta").

El caso es que, puesto que lo que se ve son las dos oraciones iniciales, este certamen sirve de ejercicio para intentar esmerarse en buscar un inicio que pueda ser estimulante para el lector despistado que se guía por lo que ve para decidir hacer click y leer más. Además de obligarte a decidir qué es lo básico que has de mantener para dar atmósfera al relato ciñéndote a la limitación de caracteres. No diré que me resulte fácil ni que lo haya conseguido.

Nota posterior: de hecho no lo conseguí. La editorial no lo ha visto apto para el concurso.

Admitían hasta tres microrrelatos, previa valoración de su adecuación. Escribí cuatro y me llegaron a aceptar uno (en esta otra entrada), aquel en el que claudiqué para caer en el tópico de desamor. A nivel literario lo juzgo plano y sun sustancia, pero les ha parecido suficiente.

De los dos restantes, uno en realidad es una creación original y sin conciencia de mi hijo (3 años y está hecho un poeta sin saberlo), que no han sabido apreciar, y el otro, también descalificado, desde mi punto de vista es el mejor de los tres de mi puño y letra. Pero es lo que tiene la comparación entre alternativas, que entre tres basuras siempre habrá una menos apestosa que el resto. Sólo que no concuerdo con Signo en la clasificación de olores.

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