Ir al contenido principal

Entradas

Otro día

Una mujer atribulada camina deprisa por una calle apenas transitada, acaba de sacar dinero en un cajero para reponer el efectivo de rescate que siempre tiene en casa. Un criminal de poca monta pero despiadado la ha seguido desde que la ha visto operar en el cajero. La ocasión la pintan calva, no hay nadie a la vista desde hace rato y es un momento ideal para asaltarla. Aunque sea innecesario e incluso exagerado, de vez en cuando proceder a un apuñalamiento sobretodo con impunidad es miel para el psicópata, así que allá va. Se le echa encima, le asesta varias puñaladas y le coge el bolso esperando ausencia de resistencia. Pero el bolso no cede. La mujer mira al delincuente con semblante molesto y este se sorprende.  - Señora, usted tendría que caer muerta, ¿qué coj..? - Mire usted, ahora no me nada bien morirme. Son las 19h, tengo que llegar a casa, duchar a los niños, y aún tengo que coser los disfraces de carnaval para el viernes que viene. Esta semana mi agenda está fatal - le di...

Junto a las croquetas

Hace tres días, al llegar a casa, algo golpeó en el capó de mi coche. Frené en seco, salí del coche, volví atrás y encontré el perro del vecino aplastado, con los ojos salidos de las cuencas y un charco de sangre y vísceras sobre la carretera. Pero se me ponían los pelos de puntos al pensar en lo que haría el vecino. Todavía recordaba el circo que montó el día que mi hijo lanzó el balón por encima de su valla y cayó sobre su pequeño huerto de berenjenas. Desde entonces lo rehuíamos; era una familia peligrosa. Lidiando con las náuseas recogí el cuerpo y lo metí en una bolsa. Entré en casa a toda prisa.   - ¿Qué vamos a hacer? - preguntó mi mujer preocupada.   - ¿Y si lo enterramos detrás?   En ese momento llamaron a la puerta. Al abrir, el escaparate vivo de tatuajes que era mi vecino apareció en la entrada.   - Hemos perdido al perro, estamos avisando a la gente por si lo ven.   Mi hijo, tras de mí, empezó a temblar y gemir.   -¿Se puede saber ...

Un día me convertí en verdugo

Un día me convertí en verdugo de nuestros sueños. Soplé sobre nuestro castillo de naipes, ese que siempre creímos que construíamos con rocas y argamasa, pero que llevaba tiempo asentándose sobre dudas silenciosas que un día ya no pude desoír más. Me puse el pasamontañas negro porque no me atrevía a enfrentarme a tu rostro, cara a cara. Hice añicos cada uno de nuestros recuerdos, convirtiendo en un solo instante en pedazos incomponibles lo que hasta entonces fantaseábamos como algo sólido. Fui la bomba atómica que devastó tu corazón, al obligarle a aceptar la fisión del "tú y yo" donde antes había un "nosotros". Dañé tu fe en poder ser feliz con la misma intensidad con la que antes te había hecho creer que por fin podrías serlo. Un día maté nuestro amor. Pero verte romperte fue una losa que cayó sobre mí como una condena a perpetuidad. Y de verdugo pasé a juez, un juez que no deja pasar un día sin acusarme por lo que hice, imponiéndome toda clase de castigos, env...

Breve historia simétrica de una relación

Hola, ¿te apetece charlar un rato? Qué guapa eres. Me encantas.  Quiero pasar la vida entera contigo. Hacemos tan buena pareja, tenemos tanto en común...  Hemos hecho muy nuestro este piso. Qué ilusionado estoy con nuestros proyectos juntos. Qué bien estamos, es justo como lo habíamos soñado. Funcionamos bien juntos. A veces sé lo que piensas antes de decírmelo. ¿Te encargas tú hoy de los platos? Ha llamado tu madre, si vamos también este domingo. ¿Esta noche seguimos viendo la serie aquella? Qué pesada con el lavavajillas, los platos los pondré como a mí me parezca. No sé qué le ves al yoga ese al que vas, paso de quedar con ese grupo de místicas con el que te has juntado. Me voy a la tele de la habitación, que a mí este programa no me gusta y me pondré otra cosa. Hoy llegaré más tarde del trabajo, ya sabes, últimamente tengo mucha faena. No me esperes despierta, da igual. Tenemos que hablar.
No dejó ninguna nota, pero sí cientos de interrogantes, todos girando alrededor del "¿por qué?". Cuáles fueron sus motivos. Por qué irse sin hacer un alegato póstumo, que diera un cierre con sentido a toda una vida. Aunque no tuviera apego por ella, qué menos que dejar una narración con final coherente. Solía gustarle hablar, de banalidades casi siempre. Sorprendía que, para una ocasión en que encontraba un modo eficaz de asegurarse una audiencia, no la hubiese aprovechado. Creó un silencio acusador. Cada pequeño pecado cometido en la relación con ella aparecía en las mentes de quienes la conocieron. ¿Habría sido esa su intención? Nadie estuvo allí para saberlo. De noche. Un bote de pastillas, antes unos tragos de alcohol. En realidad quería suicidarse sin pena ni gloria, marcharse de la fiesta de la misma manera invisible en que se alejaba de los demás el resto del tiempo. Dejar una nota hubiese sido darle demasiadas ínfulas al asunto.

Jerarquías

El fin del paro empieza en una entrevista de trabajo. Puesto que es un rito de paso hacia otra dimensión, la de los asalariados, la preparación para éste es vital. Qué ropa me pongo, cómo me peino, qué maravillas diré de mí para crear una imagen que se sostenga al menos una hora. Pero aun pasando ratos practicando ante el espejo y mentalmente sobre la almohada, has de aceptar que eres poco más que un títere en las manos del entrevistador.  - Venga, suéltame tus cualidades - empezó el último, a bocajarro, tras decirle mi nombre. Apoyaba el codo en el brazo de una imponente silla, descansando la cabeza semiladeada en su mano, el cuerpo dejado caer en el asiento, con rictus de aburrimiento. No era la primera entrevista del día y, por la hora, estaba más pendiente del almuerzo que de mí. - Eh... yo había pensado preguntarle primero por el tipo de trabajo... - Vaya, qué lástima, soy yo el que hace las preguntas. ¿Recuerdas los exámenes sorpresa del colegio? Pues te ha ...

Odio las elipses

Si la gente supiera la mierda que lleva pegada en las suelas, emplearían sus zapatos como armas biológicas con las que contaminar al enemigo. Tampoco es que las palomas nos podamos permitir ser muy sibaritas en la alimentación, sobre todo las de ciudad; comemos lo que nos caiga. Lo mismo nos da que un trozo de pan esté embebido en cerveza y se haya rebozado de arena. Pero antes que coger algo de la suela de un zapato humano, de veras que prefiero picotear una boñiga reseca de perro enfermo. Acepto que particularmente a los humanos les tengo cierta animadversión. No tienen respeto por nada. Caminan arrasando con lo que se encuentran a su paso. A menudo me he hecho el firme propósito de, por una vez, no ser yo quien se aparte para evitar una colisión frontal con sus pies, y que sea el humano el que se desvíe unos milímetros, qué le costará, me pregunto, si total yo ya estaba en esta baldosa hace un rato y son ellos los que vienen hacia mí; pero ha sido inútil. En el último instante h...