“Quiero acabar”. Tres años soportando tratos vejatorios en el colegio e instituto, día tras día. En su casa, los días más benévolos su madre se limitaba a ignorarla. Los peores, más le valía esconderse. No encontraba consuelo en compartir con ella su tormento, porque cuando lo había intentado recibía su desaprobación: "Es culpa tuya por no saber defenderte", aderezado con una retahíla de insultos y comentarios hirientes. Y era cierto, no sabía defenderse. Su cuerpo se paralizaba cuando le empezaban a hacer daño y se comparaba a sí misma con los conejos congelados en mitad de la carretera, ante el brillo de los faros de un coche, justo antes de ser aplastados por él. Habría sido más fácil si sintiera odio por sus atormentadores, pero lo que lo dominaba todo era una abismal lástima… por sí misma. Se daba pena. Le resultaba lógico y normal que la escogieran de blanco de agresiones, que fuera la diana ideal para proyectar la maldad que, bien sabía ella, anida en el interior de ...
Rutina de las mañanas: levantarme forzada por la insistencia estridente del despertador, sentir la luz del baño atravesándome los globos oculares a pesar de mantener los párpados cerrados, pegados, y recibir la estocada final a la somnolencia matutina en forma de agua fría en plena cara. Después peinarme, sin mucho esfuerzo, porque el pelo liso es fácil de domar, y porque la edad y la mala vida han reducido la cantidad de mata a adecentar. Unas entradas en V invertida llevan unos años abriéndose camino en la frente a ambos lados. Hace unos días encontré en cada uno de esos espacios un minúsculo angioma, esas vesículas rojas que a veces aparecen en la piel, nada extraordinario pero sorprendente por la posición prácticamente simétrica respecto al eje central de la cara. En palabras llanas: a cada lado de la cabeza, y justo en el espacio vacío de las entradas del pelo me aparecieron unos puntos rojos. Me hubiesen preocupado más si no tuviera otros similares desde hace años en otras zonas ...